Yo Confieso…#4

Yo confieso…, que me encanta comer.

[Escena extraida de la película
"El castillo ambulante"]


Algunos me diréis: “Ey, Mey, eso es necesario.”

Hombre, soy consciente de ello; pero es que yo adoro comer hasta sentir que voy a reventar. Y sí, sé que es malo y nada conveniente, que solo hay que ingerir lo preciso para evitar morir de inanición o malestares físicos; sin embargo, ¿qué le voy a hacer? Soy una golosa, y lo peor de todo es que cuando quiero parar ya es demasiado tarde: la pesadez se instaura en mi pequeño estómago, mientras las proteínas y minerales se van esparciendo por mi cuerpo, para luego dejar que la grasa y los excedentes se aposenten en zonas nada ventajosas de ser mostradas.


Por suerte no todo lo que como son alimentos grasientos, demasiado dulces o con un alto porcentaje de colesterol, sino que procuro nivelar mis caprichos echando mano del autocontrol y del ejercicio físico, porque una tiene que cuidarse y desde siempre se ha sabido que los abusos en cualquier área no suelen aportar propiedades saludables.

[Fresas]

Aún a día de hoy, confieso que ciertos alimentos no me agradan, a pesar de saber sobre las buenas aptitudes que puedan aportarme, y éstos alimentos pertenecen a las familias del pescado y la fruta, que muy raramente ingiero de buena gana. El pescado por las muchas espinas que pueda tener y, a veces, por el insípido sabor que posee; y la fruta porque muy poca me agrada, porque no me proporciona un deseo caprichoso de ingerirla o porque las que realmente me gustan, las fresas por ejemplo, son muy caras en el mercado y me da reparo pedir a mis padres que las compren sólo por mí.


En cambio, puedo asegurar que los alimentos sacados de la harina, como la pasta o el pan; la verdura, las legumbres, la carne y los dulces son lo que priman en mi vida alimenticia.

[Pimientos con Ternera]
Y mientras había niños que en sus casas detestaban las lentejas o los garbanzos, yo nunca presenté esa dificultad a la hora de comer,  salvo por la verdura, que la acabé aborreciendo debido a que apenas supieron cómo presentármela para que le cogiera el gusto; sin embargo, hace seis años probé el pimiento verde acompañado de ternera, en un restaurante japonés, y realmente me encantó cómo quedó con la salsa de la carne.

Luego, mi perdición son los dulces porque, veamos, ¿a quién no le gusta el chocolate, las golosinas, el helado, el turrón o las tartas? ¡Quien no disfrute de estos placeres no debería siquiera tener papilas gustativas, porque el sabor dulce es, a criterio personal, el paraíso en la tierra! Puedo tolerar que a algunos les agrade más lo salado que lo dulce, o que por cuestiones de salud haya personas que no puedan permitirse el probar estas delicias; pero ¿qué me venga alguien diciendo que detesta el sabor dulce? Oh, amigo…, inmediatamente lo acribillo con una mirada sesgada y una cuestión inminente:

“¿Realmente estás vivo?”

Porque decirle por voluntad propia que no a algo tan sumamente exquisito (y positivo para la salud, tanto física como mental) no entra dentro del comportamiento natural e instintivo del ser humano.

Sin embargo, y ya dejando a un lado mi falsa intolerancia hacia esas posibles personas, cuyos gustos respeto dentro de lo que cabe; pero que no comprendo,  tal y como decía una vieja amiga, “para gustos colorines” y, como todo en esta vida, influye el cómo luzcan las cosas para invitarte a probarlas, ¿no?

23 de Junio


Noches en los Jardines del Real Alcázar, XIV Conciertos
Sheela na Gig
 

¡Buenas noches, dreamers!

¿Cómo va todo? Espero, sinceramente, que vaya bien y que hayáis entrado con buen pie en el verano, si como yo estáis en el hemisferio norte, o en el invierno, si por el contrario me leéis desde el hemisferio sur.

Por mi parte, celebré la mágica noche de San Juan, de una forma algo diferente de cómo en mi país se suele celebrar: no salté por encima de hogueras, ni bebí hasta el coma etílico, ni tampoco asistí a espectáculos equinos.  

La noche se presentó bajo otro matiz mucho más tranquilo, siendo éste el segundo año en el que repetía la experiencia vivida del anterior. Y es que resulta mi pequeña Xio, única, mejor y gran amiga desde hace casi seis añitos, me invita por estas fechas a acompañarla, junto a su familia, a una serie de conciertos que se realizan en el Alcázar de Sevilla, ofreciendo un tinte cultural muy rico, en relación a la música, a un módico precio y de variados estilos.


Tras un paseo por el Alcázar, en el que pudimos observar a los pavos reales…, o mejor dicho sus siluetas en el atardecer, así como también los jardines laberínticos, las fuentes y árboles de curiosas formas, por fin, pudimos aposentarnos en nuestros asientos para aguardar al programa del concierto.

En esta ocasión el grupo al que íbamos a escuchar se trataba de Sheela na Gig, un cuarteto dedicado a la música tradicional y al folklore musical que nos traían melodías desde la vieja Irlanda. Compuesto por Rubén Diez de la Cortina, a la flauta travesera; Kevin Thorman, a la guitarra; Leslie Jordan, vocalista y violinista; y por Mangu Díaz, a la concertina y al banjo, la dispar procedencia de estos músicos no resultó un inconveniente a la hora de deslumbrarnos con un bellísimo despliegue musical, fruto de años de trabajo en grupo.

La jovialidad y positivismo que desprendían sus componentes, sumado a las risas entre el público que surgían espontáneas, debido a las bromas y explicaciones del flautista acerca de los temas a interpretar como introducción a los mismos, arrancaron de mí una cierta afabilidad. Incluso fallándoles el afinador digital a principio de la segunda canción, se lo tomaron a bien para dejarse guiar por su oído, siendo la espontaneidad bien acogida por el público, entre los que se encontraban estudiantes dedicados a la música. 

Sin esperar demasiado a que nuestros oídos se acostumbraran al sonido grupal, las cadencias y a la exquisitez de las interpretaciones, a medida que entrabamos en calor para encontrarnos en nuestra salsa, el deseo de lanzarme al escenario para danzar  y llevar conmigo a mi compañera fue a más. Por suerte no hice que pasara semejante bochorno, y mucho menos delante de sus padres, controlando ese impulso innato en mí con la marcación del ritmo mediante mi pie derecho, moviéndose por esa magia que creaban mediante cada tema musical. Y es que, no es por nada que prefiera la música instrumental tradicional a la vocal: la prefiero ya que me dejo guiar por ella y tiendo a dejar volar mi imaginación con suma facilidad, llegando a serme de gran ayuda. 
 

Aún no correspondiendo con la de éste año, os muestro un video de años pasados para que comprobéis el potencial de semejante cuarteto que, en ocasiones, consta con el añadido extra de una arpista bretona, llamada Morgane Le Cuff, que en esta ocasión no formó parte del concierto.

En definitiva fue una noche amena, muy fresca en comparación con los grados de más que tenemos últimamente por la península, y la música fue un deleite para mis oídos. En cierto momento, de hecho, creí viajar a tierras irlandesas…: una velada llena de magia y buena música, sí señor.